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Historias paralelas

La experiencia de un marido

Melchor Mateo te habla sobre lo qué significó para él que su mujer viviera un cáncer de mama.

Nunca se está preparado para recibir una noticia así y el impacto, si llega tras una revisión rutinaria, es si cabe, mucho mayor.

Por muy familiarizado que se esté con la enfermedad, cuando llega, nadie se espera que pueda cambiar tanto, no sólo a la paciente sino además a todo su entorno. En el caso de Melchor y Coral hablan del aprendizaje y de cómo sienten una mayor fortaleza como familia. ¿Cómo vivió Melchor el cáncer de mama al lado de su mujer?

Melchor Mateo Amaro es redactor jefe en el Diario de Cádiz y su mujer Coral ha superado un cáncer de mama. Tras su experiencia asegura que «la empatía es fundamental porque este es un proceso en el que dos teníamos que ir de la mano». Como padre de dos hijos que lo vivieron junto a ellos, «quisimos hacerlos partícipes desde el principio con naturalidad porque era imposible ocultarles el impacto que iban a tener la cirugía y los tratamientos en su madre».

Como marido, ¿qué supuso para ti conocer la noticia?

El cáncer si tuviera otro nombre tal vez no te golpearía con tanta fuerza. El impacto fue tremendo porque esa palabra da mucho miedo y todos la asociamos a algo muy malo. En mi caso asimilé la noticia en tres fases en las que iba incrementando mi preocupación y mi conciencia de lo que realmente venía. La noticia la recibí por teléfono. Yo estaba trabajando en la redacción y Coral me llamó tras salir de la consulta, porque no la acompañé al ser una revisión rutinaria y, en teoría, nada debía preocuparnos. Ahí me habló de que había aparecido un nódulo y que había que esperar una semana  para saber si era bueno o malo. En ese momento estaba reunido con gente de fuera del periódico y cada vez que los veo en la calle no puedo evitar relacionarlos con un momento horrible, aunque en ese momento no eres consciente de lo que va a llegar.

En la segunda ocasión nos comunican que era un cáncer de mama pero muy pequeño y por desconocimiento pensé que podría ser algo muy leve y sencillo de abordar, es decir, que con una pequeña cirugía podría bastar. En la tercera, fue el golpe definitivo cuando te hablan de todo el camino que hay que recorrer y que todo es mucho más fuerte de lo que creía en un principio porque, además, la mama estaba invadida. Ahí sí que me derrumbé.

Una vez que te enteras de lo que viene por delante, como marido sabes que debes ser uno de los grandes pilares donde se tiene que apoyar ella. Una de las principales misiones es la de tener muy claro que por muy mal que lo estés pasando tú, toda la atención y los esfuerzos tenían que estar puestos en ella. Tenía claro que yo no tenía que ser un problema sino algo más cercano a una solución, alguien que pudiera dar calma, mucho amor y servir de ayuda física, logística y psicológica. Para ello trataba de entrar en su cabeza hasta donde pudiera llegar, tratar de entender lo más claro posible cuáles eran sus miedos, qué era lo que sentía en cada momento porque por muy mal que yo me encontrara, la que se enfrentaba cara a cara a la enfermedad era ella.

Eso no quiere decir que yo tuviera que ser una roca delante de ella. Esa empatía tenía que ser de doble dirección y yo también, en ocasiones, le mostraba mis sentimientos y mis emociones porque creo que ella tenía que conocer mis miedos y mi estado de ánimo. Llorar con ella era necesario en ocasiones aunque trataba de no hacerlo mucho porque, como dije antes, no quería ser un problema añadido para lo que ella estaba pasando.

Los que nos califican como los cuidadores también tenemos que crearnos nuestra propia red de apoyo y en mi caso vino con amigos y compañeros de trabajo. A mí me servía de terapia hablar y expresar por lo que estaba pasando.

¿Cómo intentabas ayudarla a afrontar todo lo que estaba pasando?

Intentaba darle calma cuando había nervios, fuerza cuando había debilidad, seguridad cuando ésta despareciera pero siempre sin caer en un optimismo desmesurado porque eso no conduce a nada y también es irreal.

Como forma de sentirnos más unidos teníamos varias estrategias que nos ayudaba a tirar para adelante. Eran pequeños detalles que nos mantenían aún más conectados. Al principio le envié algunas canciones motivadoras y poco después se me ocurrió un lema que nos ha acompañado hasta ahora, ‘sacando pecho‘. Creo que define muy bien la enfermedad y cómo hay que afrontarla. Dos días antes de la operación le puse un vídeo donde había muchos amigos, familiares y compañeros de trabajo en los que cada uno puso en su cartulina que ellos también sacaban pecho con Coral. Era una manera de decirle que había mucha gente que iba a estar con ella en uno de los momentos más complicados de su vida. La red de apoyo era más grande de lo que los dos podíamos imaginar.

Después conforme fueron viniendo cada una de las fases de la enfermedad traté de prestar apoyo en todo lo que fue necesario. Eso sí, lo más importante de todo es que ella tuvo un comportamiento increíble en todo momento que hizo que las cosas fueran mucho más fáciles para los que estábamos alrededor, especialmente para mí.

¿Qué consejos le darías a alguien que actualmente sea pareja de una mujer que esté viviendo la enfermedad?

Si tuviera que hacerlo brevemente le diría dos aspectos que en mi experiencia le serán de utilidad. El primero es que el mayor valor durante el proceso es la empatía, sin exceso de optimismo para no caer en la superficialidad. Luego que debes tratar siempre de mostrar tus sentimientos pero con la medida que exige ser consciente de que debes crearte una red de apoyo fuera para evitar causar un mayor problema.

En definitiva, es importante tratar de que ella sienta que contigo tiene un apoyo imprescindible, que no le vas fallar, y que te vas a agarrar a su mano para que en los momentos de debilidad sepa que no va a caer. Es un momento en el que hay que estar a la altura de lo que requiere la situación.

Vosotros tenéis dos hijos, ¿cómo vivieron ellos la enfermedad y cómo le disteis la noticia?

El tópico dice que no hay un manual para ser padre, de manera que vas aplicando la lógica que tú creas en cada tema. Aquí debo reconocer que Coral y yo no teníamos ni idea de cómo dar la noticia a dos pequeños que entonces tenían ocho y cuatro años de edad. ¿Le dices la pura y cruda realidad? ¿Le edulcoras la situación? ¿Vas con un cuento? Como no teníamos la respuesta, acudimos a AGAMAMA, la Asociación Gaditana de Mujeres con Cáncer de Mama, para pedirles consejo acerca de cómo hacerlo. Allí nos hablaron sobre cómo trasladarles la noticia con naturalidad, contándoles lo que realmente había, que siempre que tuvieran dudas nos preguntaran a nosotros y que su madre se iba a curar. Había dos premisas, estaba prohibido llorar (y a mí me costó mucho reprimirme) y tener preparado un plan divertido para ese día con ellos para que vieran que la vida no paraba.

Coral fue la que llevó la voz cantante a la hora de decírselo a ellos y la verdad es que todavía me siento orgulloso de la entereza que tuvo para hacerlo porque a mí no me salían las palabras. Cuando terminó de darles la noticia, le dije a ella que con la fuerza y determinación que se había enfrentado a ese momento, estaba seguro que lo iba a hacer con el cáncer y desde luego que no me equivoqué.

Como anécdota tengo que decir que menos mal que Mari Paz nos dio las herramientas adecuadas para comunicarlo a los niños porque si llegamos a ir con un cuento, nuestra hija mayor nos hubiera echado abajo el argumento. Cuando Coral le habló de que iba a perder un pecho, ella le contestó que sabía que las mujeres a las que les pasaba eso, tenían cáncer. Nos quedamos de piedra.

Los niños han vivido esta enfermedad con mucha naturalidad porque les hicimos partícipes de todo. Por ejemplo, tras la operación, ellos le hacían las curas a su madre, la veían sin el pecho, con la cicatriz, le ponían la venda y le ayudaban. Cuando Coral empezó el tratamiento de quimio empezó a perder el pelo y todos fuimos a la peluquería a vivir el acontecimiento del rapado. Sin embargo, el día que volvimos del hospital, el llamado «primer momento ante el espejo» tras la pérdida del pecho fue tremendamente duro y Coral necesitaba pasar ese mal trago y desahogarse, por lo que traté de que ellos estuvieran entretenidos en otras cosas.

A pesar de toda la naturalidad y que trataron de ayudar mucho a su madre, ellos tuvieron también sus propios miedos y preocupaciones.

¿Cómo te has cuidado a ti mismo en todo este proceso?

No ha sido nada fácil. Como pareja es inevitable pasarlo mal porque estás viendo sufrir a alguien a la que quieres mucho. Como mencionaba, empatizar es importante pero no puedes trasladar tus sentimientos en todo momento, sería contraproducente porque no podía añadirle una mayor carga de la que ya estaba pasando. Por eso es tan importante la red de apoyo externa también para la persona que acompaña, para no quedarte dentro todos esos miedos.

Pero una cosa que es muy importante. No sólo yo he cuidado de Coral sino que ella también lo ha hecho conmigo en todos los aspectos porque, repito, al final éste es un camino lleno de obstáculos en el que los dos vamos de la mano y ella también ha sido capaz de tirar de mí cuando ha sido necesario. 

Nadie quiere pasar por todo esto y ojalá no hubiera llegado el cáncer a nuestras vidas pero para nosotros como familia ha sido una experiencia que nos ha fortalecido. Nuestros hijos han madurado mucho en este proceso ya que han sido partícipes en todo momento y ha sido una experiencia de vida y de madurez.  Como pareja nos hemos unidos aún más y hemos aprendido el uno del otro, aunque en este caso no cabe duda de que yo he aprendido mucho más de ella porque me ha demostrado que en el peor momento de su vida ha sido una persona con una fuerza, vitalidad y optimismo que ha sido un ejemplo. Al final, hasta de los peores momentos se sacan cosas positivas.

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