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Historias paralelas

El testimonio de un hijo

Miguel Ángel nos cuenta cómo vivió la pérdida de su madre por un cáncer de mama.

En la historia Miguel Ángel hay mucha emoción y la búsqueda personal de un hijo que sigue intentando que se cierren las cicatrices.

Él mismo ha redactado su historia en la que nos cuenta cómo vivió la pérdida de su madre y cómo conocer a un nuevo grupo de personas le cambió en aquel momento.

Miguel Ángel Rodríguez es Director de Titania, empresa dedicada a los ensayos con materiales para la industria aeroespacial. Nos recuerda que las heridas se curan pero las cicatrices quedan, por eso en cuanto tuvo la posibilidad ha colaborado con Agamama, para que las cicatrices también desaparezcan.

Esta es la historia escrita por el propio Miguel Ángel:

Mi abuelo ya se había mudado a casa de mi tía unos meses antes, cuando el estado de mi madre se había vuelto más delicado. Dos semanas después de que ella falleciera, la que se mudaba a su nueva casa en otra ciudad era mi hermana mayor, recién casada sin fiesta ni celebración. Con la convivencia de la casa reducida de golpe a la mitad, mi padre, mi hermana pequeña y yo sentíamos como se acaba de cerrar una puerta para siempre.

“Cuando una puerta se cierra, otra se abre”, dice el refranero. En mi caso, me tocaba empezar la Universidad sólo otro par de semanas después. Lo desconocido y los desconocidos no es lo que más te apetece para afrontar la pérdida. Sin embargo, los desconocidos que allí conocí, un pequeño grupo de futuras químicas y futuros químicos, se convirtieron, sin saberlo ellos y sin saberlo yo, en la mejor influencia que hubiera podido necesitar. No fue una puerta lo que se abrió, sino una ventana, una ventana por la que entraron para acompañarme durante cinco años como si de un verano inolvidable de la infancia se tratara. Aún hoy se mantiene la magia de nuestra amistad, pero lo mágico es que llegaron al lugar justo en el momento preciso. 

Las heridas curan, pero las cicatrices quedan. Por eso, cuando 25 años después conocí a AGAMAMA a través de Alborear, supe que tenía que apoyarlas de alguna manera. Para que también las cicatrices desaparezcan. Para cerrar el círculo. Y lo podía hacer desde mi proyecto profesional que tanto me estaba dando. Proyecto del que ella nunca supo, pero que estoy seguro que tanto le hubiera enorgullecido.

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